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El entorno

Lo que hayalrededor.

Fuentes de Ayódar es un pueblo pequeño de la Sierra de Espadán, en Castellón, Comunidad Valenciana. Doscientos habitantes y ni un semáforo. Lo que hay alrededor es sierra: agua, alcornoques y silencio de verdad, del que se nota en el cuerpo a las pocas horas.

Una persona de espaldas, metida en el agua del Pozo Negro, mirando la cascada
Vista panorámica del Pozo Negro con el agua verde y la roca roja alrededor
A 20-30 minutos andando

El Pozo Negro

Una poza de agua turquesa excavada sobre roca roja, con una cascada pequeña cayendo al fondo. No sale en las guías y casi nadie la conoce. Es la razón por la que la mayoría de la gente vuelve.

Se llega andando desde el pueblo por un sendero de tierra. El último tramo baja al cauce y hay que pisar roca: calzado cerrado. En verano el agua está fría incluso a mediodía.

El Río Chico a su paso por Fuentes de Ayódar, con el valle al fondo
A 5 minutos andando

El Río Chico

En primavera lleva agua suficiente para meter los pies y quedarte ahí más rato del que tenías pensado. Es el paseo corto: se sale de casa, se baja y se vuelve sin haber cogido el coche.

Desde la puerta

El GR 333 y los caminos

El GR 333 recorre la Sierra de Espadán y pasa cerca del pueblo. De él salen caminos de tierra roja entre pinos y alcornoques, de una hora o de toda la mañana, según lo que te apetezca.

Camino de tierra roja entre pinos en la Sierra de Espadán
Árbol monumental

El lentisco de la Masada

Un lentisco de porte enorme, de los que tardan siglos en hacerse. Está catalogado y merece el desvío aunque solo sea por verlo de cerca.

Árbol viejo de tronco retorcido en una ladera, como el lentisco monumental de la Masada
El nombre del pueblo

Las fuentes

Fuentes de Ayódar se llama así por algo. Hay manantiales repartidos por el término, algunos junto al camino y otros que hay que buscar un poco.

Agua corriendo sobre roca, como en las fuentes del término de Fuentes de Ayódar
Calle empedrada de Fuentes de Ayódar junto a la casa de piedra
A cero minutos

El pueblo

Doscientos habitantes, calles empedradas y un campanario. Hay bar. No hay supermercado, así que conviene traer la compra hecha.

Por la noche

El silencio

Se oyen los grillos y poco más. Al principio incomoda. Al segundo día ya no quieres otra cosa.

La plaza empedrada del pueblo un día de lluvia, con la farola de forja